Con una desconfianza cada vez mayor, los grandes empresarios y pequeños emprendedores de México ven como el presidente Andrés Manuel López Obrador se rehúsa una y otra vez a brindarles cualquier apoyo.
No hay nada que logre sacar al presidente de su narrativa: Todos los días sin excepción en sus mañaneras las respuestas son las mismas: “Mis adversarios, los conservadores, los gobiernos anteriores, que quieren quitarme el poder”. López Obrador, el luchador social que cerraba pozos petroleros es un presidente, así, con minúsculas, incapaz de verse a si mismo como un Estadista que llame a la unidad de todos los mexicanos a sumar esfuerzos, a poner un poco de su parte y pedir solidaridad de todos.
Es incomprensible la forma en que López Obrador está destruyendo su capital político. Hace unos días, poco después de que se cancelara una inversión de 1,400 millones de dólares de la planta de Constellation Brands en Mexicali, el presidente se burlaba de las medidas del Coronavirus argumentando que el escudo protector serían las estampitas religiosas que “le da la gente”, unos días después el presidente se quejaba amargamente de la energía eólica, energía limpia y renovable, pero que simplemente no le gusta, porque afecta el paisaje, porque la inversión es de empresas privadas y porque viene del “periodo neoliberal”, de sus actividades del domingo en Sinaloa para rematar la semana, ya no cabe mayor comentario.
Esto es lo que pasa al elegir como presidente a un luchador social que no parece comprender conceptos tan elementales como que los empresarios no son el enemigo, que las inversiones y creación de empleo son fundamentales en momentos de crisis, que el precio del petróleo esta por los suelos y las energías limpias son más estables y son el futuro.
De estímulos fiscales o medidas para apoyar la economía ante la crisis que viene, ni hablar, no concibe a los empresarios como aliados que generan empleos sino como acaparadores. Armando Santacruz de Grupo Pochteca publicaba esta semana una opinión que puede representar a muchos empresarios a lo largo del país:
“El presidente nunca ha pagado una nómina con su dinero. No ha manejado ni un puesto de garnachas. Ignora los retos de ser empresario. Por eso y su sesgo ideológico, cree que empresario=ultrarico que podrá pagar sueldos y sobrevivir sin ingresos 1 mes. La ignorancia mata empleos y planta productiva.”
Sin concebir la posibilidad de sumar esfuerzos para construir, el presidente seguirá con la misma estrategia que tenía desde que era jefe de gobierno, aparecer todos los días en sus conferencias para dominar la agenda nacional, todos los días polarizando, dividiendo, culpando al neoliberalismo, a los fifis ricachones, a los conservadores, seguirá con lo que ha hecho toda su vida: destruir.
El Gobierno Federal debe rectificar el camino y apoyar a los pequeños empresarios que hacen el 90% de la economía de este país, de lo contrario no resistirán la tormenta que viene.
Es posible que López Obrador tenga buenas intenciones, seguramente desea lo mejor para el país, pero no ha demostrado tener la capacidad de un Estadista que incluye a todos los sectores, sigue en su narrativa de luchador, de buenos contra malos, de ricos contra pobres, de conservadores contra liberales, el problema es que ya no estamos en el siglo XIX, México se merece algo mejor. No tenemos Presidente, tan solo un líder populista.
Habrá que buscar otros liderazgos, más acordes con la realidad que vivimos y con ánimos de construir.
Por lo pronto estamos solos.
Roberto Abraham Pérez G
twitter: @robertoabraham
Trabajó en Consultoría de estrategia comercial, Deloitte, Nestlé. MBA IPADE
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