«Trabajar para ti es jugar, trabajar para ti es reír…”
Recuerdo que cuando era un niño y preguntaba a mis papás qué era trabajar, su respuesta era siempre la misma: “Trabajar para ti es jugar, trabajar para ti es reír”. Me parecía maravillosa esa concepción y trataba de aprovecharla siempre, hoy que soy padre de 3 pienso en qué momento debe ser esa una pregunta o una respuesta para los míos.
El trabajo infantil hoy es mal visto, y por supuesto que es reprochable y hasta imperdonable aquel trabajo infantil en el que los infantes son forzados, en que las condiciones son peligrosas e incluso sobrepasan cualquier condición física, psicológica y mental para ellos.
Sin embargo me cuestiono si todo trabajo infantil es malo, si en todo trabajo que involucra a menores se abusa o se genera daño del mismo. Recuerdo cuando tenía 9 años cada sábado acompañaba a mi papá a su trabajo y aunque me parecía aburrido al principio siempre regresaba a casa feliz de haber compartido con mi papá y hermanos la mañana, pero también el hecho de que sentía que había generado un beneficio a mi familia.
Mi actual trabajo me acerca mucho a comunidades en las cuales el trabajo infantil es una constante, la industria cada día marca pautas y reglas en las que se premia a quien no involucra a niños en cualquier labor de la cadena productiva, sin embargo, vale la pena poner sobre la mesa ciertas observaciones.
El trabajo de la pisca/corte (me centraré en este proceso) en un proceso fundamental en cosecha de diversos frutos, la mayoría de las veces es un proceso que involucra un trabajo bajo el sol, de pie, y con algún esfuerzo físico de por medio, sin embargo es un proceso que es realizado de manera más eficiente mientras más pequeño se aprenda a realizar, pero no sólo hablemos de eficiencia, también es un proceso que mientras más joven sé es, mejor se puede aprender ya sea por cuestiones anatómicas e incluso culturales.
Por otro lado para una familia micro productora o bien para familias que se dedican al corte, el volumen de “producción” generado es proporcional al ingreso generado para la familia, y no se trata de meter a los niños solo para ganar más, sin embargo a mejor corte es aún mejor el pago, y si hablamos que mientras más jóvenes resultan, mejores resultados. Además al no realizar el trabajo en conjunto como familia se requiere contratar a externos para completar la tarea y esto merma la utilidad familiar.
Actualmente las nuevas generaciones que nacen y crecen en el campo tienen una tendencia a migrar a la ciudad en busca de “mejores” oportunidades de estudio o trabajo, rezagando al campo de mano de obra y de espíritu campesino. Aunque en muchas ocasiones es justamente ese trabajo que desde pequeños aprenden lo que genera un vínculo, orgullo y amor por su origen. No pretendo decir que nunca se preparen, lo que busco decir es que sean conscientes y tengan el apego que los haga regresar y mejorar las condiciones para sus familias y comunidades. Sin embargo, es difícil que alguien que no tuvo contacto o no aprendió el valor del trabajo de sus padres quiera regresar a trabajar a una de las profesiones más bellas pero a la vez más segregadas que hay: la agricultura.
No busco justificar o convencer sobre el trabajo infantil, tampoco generar polémica. Sólo creo que vale la pena señalar que pueden existir casos donde el trabajo infantil sea parte de una dinámica familiar, cultural y social. Valdría la pena preguntar a esos casos el sentir de los niños, padres, maestros, a su comunidad. Estos casos en que no existe abuso, pero sí existe el trabajo en conjunto de toda la familia.
Luchemos a favor de la niñez, que tengamos generaciones de niños felices para tener un país feliz, busquemos las mejores oportunidades para las generaciones futuras, pero hagámoslo con criterio y objetividad.
Me parece algo extremo tu ejemplo pues en países desarrollados las tareas que mencionas están hechas por máquinas. El compartir un sábado de vez en cuando es muy diferente a tener la obligación diaria de estar bajo el sol 12 horas en una edad En la que tendrían que estar estudiando y jugando. Se de la importancia de enseñar el oficio familiar y que los hijos sepan de donde vienen. Pero no deben de convertirse en una fuente de ingresos extra.
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