Frente a frente, en lo que debería de ser un intercambio de ideas y un debate de dos proyectos de nación, Anaya cuestiona con datos duros a López Obrador, como el verdadero crecimiento en la inversión en la Ciudad de México durante el sexenio en el que gobernó. Anaya se preparó durante semanas para este momento, pide debatir. Andrés Manuel observa a Anaya y lanza su respuesta: “Ricky Riquín… Canallín”
“Ricky Riquín Canallín”, que significa: “No tengo ningún interés de debatir contigo”
“Ricky Riquín Canallín”, que significa: “No tengo ninguna necesidad de ganarte en un debate de ideas o de políticas públicas.”
“Ricky Riquín Canallín”, que significa que López Obrador sabe que no tiene la capacidad de ganarle un debate a Anaya, y también sabe que no necesita debatir con él, sus seguidores le perdonan todo, incluida su incapacidad para escuchar, para debatir o para contrastar ideas.
Después de escuchar, como millones de mexicanos que atestiguamos el segundo debate, a un Ricardo Anaya preparado, con datos duros y argumentos sólidos listo para debatir, es triste, es desolador escuchar los argumentos del puntero de las encuestas:
- “Soy el puntero de las encuestas”
- “No voy a caer en provocaciones de la mafia del poder”
- “Ricky Riquín Canallín”
Meade habla sobre control de armas, Anaya sobre bajar el ISR y el IVA, López Obrador ya ni siquiera hace el intento de convencer a nadie, simplemente se planta en el escenario, eso sí, aclara que él es honesto, y que con él se va acabar la corrupción. Se agradece las buenas intenciones, se agradece que el señor sea honesto pero deberíamos estar discutiendo mucho más el fondo de las cosas, y no lo hacemos. No lo hacemos porque con esa brutal simpleza AMLO tiene 20 puntos de ventaja en las encuestas.
La base de votantes de López Obrador es gente que está harta y con razón. Harta del PRI, harta de Duartes y Borges, harta de historias de Estafas Maestras y Casas Blancas, ya no les importan los datos duros de Anaya, lo único que quieren es que se acabe el “PRIAN”. Hay motivos de sobra para este hartazgo, y ese mismo cansancio del electorado ha posicionado a López Obrador como el salvador de la patria. Como dice Enrique Krauze: “El carisma personal de López Obrador alcanza tonos mesiánicos”
A eso se va a reducir esta elección, en las pláticas informales, en las comidas, en las redes sociales no se está discutiendo que propuestas son mejores, que políticas económicas nos acercan más al México del futuro que queremos ver. Lo que se dice es que no podemos estar peor y que ya le toca a Andrés Manuel, al menos él sí es honesto.
Este el berrinche de México, que como adolescente encaprichado, ya no sigue los consejos de sus padres, ya no escucha propuestas, ya no pide debates, lo único que quiere es que se larguen los corruptos, que se muera el PRIAN, por eso es que Anaya no despega, no importa que tan buenas sean sus propuestas, por eso es que la campaña de Meade nació muerta.
Por eso es que tenemos como puntero a un señor que se niega a debatir y que da la impresión que no entiende mucho de temas económicos. López Obrador lleva meses, años repitiendo ideas muy básicas: Vamos a acabar con la corrupción, la mafia del poder nos roba miles de millones y vamos a predicar con el ejemplo. Eso no es suficiente para aspirar a ser Presidente de México.
No, lo que ofrece López Obrador es una propuesta muy pobre para alguien que pretende gobernar un país tan complejo y rico como el nuestro. Qué diferente hubiera sido escuchar en el debate propuestas de educación, generación de empleos, nuevas tecnologías, parques industriales, seguridad, algo más que frases hechas y dichas por él durante años, algo digno de quien pretende ser Presidente de México.
Los seguidores de AMLO deben haberse percatado de esa falta total de interés en debatir, de esa incapacidad de entender el mundo en el que México está hoy, el problema es que están tan enojados con el sistema que ya no les importa.
Difícil misión tiene Anaya de convencer con datos duros a millones de mexicanos furiosos.

Roberto Abraham Pérez G
twitter: @robertoabraham
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