«Soñé» – Zoé
Hace unos días iniciaron las campañas de lo que será la elección más grande en la historia de México y los dados ya están tirados. El próximo presidente de México será Ricardo Anaya, José Antonio Meade o Andrés Manuel López Obrador (asumiendo que Margarita Zavala alcanzará no más de 8 o 10 puntos). Estos tres aspirantes llegarán a la candidatura de sus partidos de manera unilateral, sin haber ganado alguna elección primaria contra otros precandidatos de su partido, y se han autoproclamado como nuestra única opción.
El puntero de las encuestas Andrés Manuel López Obrador hace un buen diagnóstico de los problemas del país al centrarse en la corrupción, es un lastre que nos está hundiendo y que le impide al país despegar, hasta ahí todo va bien, la corrupción es un problema que ya no se puede ignorar. El problema con Andrés Manuel empieza una vez que pasa a las propuestas, muchas de ellas son anticuadas, populistas e irresponsables. Su punto de partida es echar para atrás las reformas que tomaron décadas en concretarse, como la educativa o la energética, aliarse con la CNTE que es el cáncer de este país y cancelar el nuevo aeropuerto que es un generador de empleos. López Obrador representa al viejo Priismo que nunca aceptó el modelo neoliberal de Miguel de La Madrid y Carlos Salinas, ese priismo que llevó a México a crisis como las de 1976 o 1982.
José Antonio Meade es un hombre inteligente y preparado, con dos licenciaturas y un doctorado en Economía por la Universidad de Yale, sin duda entiende la importancia de mantener políticas macroeconómicas responsables y una férrea disciplina fiscal. Su mayor activo es una trayectoria de 20 años como servidor público y la certeza de que buscará dar continuidad a las reformas de la actual administración y llevarlas a buen puerto.
¿Cuál es el problema entonces con el candidato del PRI? Muy simple, Pepe Meade no es candidato ciudadano, pertenece a un sistema profundamente corrupto, al partido de Duarte y Borge, al partido acusado de la “Estafa Maestra”. Si pretendemos vivir en un sistema democrático alguien tiene que asumir los costos de la terrible gestión y desfalco cometido por estos gobernadores. Meade es la garantía de que seguiremos igual, ni mejor ni peor, y seguir igual no es la mejor noticia.
Finalmente Ricardo Anaya el “niño prodigio” de Acción Nacional tiene como fortalezas haber consolidado el Frente opositor PAN- PRD -MC que busca combatir la fragmentación del voto con un gobierno de coalición, eso suena muy bien. A pesar de las diferencias ideológicas existentes entre Acción Nacional y el PRD parece posible fijar una agenda común, el Frente se ha fijado como prioridad combatir la desigualdad, la inseguridad y la corrupción en el país.
¿Cuál es el problema aquí? La ambición personal de Anaya, acusado de haber secuestrado a su Partido y usar recursos públicos para promover su imagen personal, autoimponiéndose como candidato presidencial y habiéndole clavado en el camino un puñal en la espalda a Margarita Zavala, Miguel Ángel Mancera y Javier Lozano, entre otros.
Anaya aparece como un tipo inteligente pero sin escrúpulos, que acabó con la democracia interna del panismo y que antepone sus ambiciones personales al proyecto, por si fuera poco ya perdió el apoyo de los dos expresidentes emanados de su partido y en estos días enfrenta acusaciones, infundadas o no, de lavado de dinero.
Este país se merece algo mejor.
Necesitamos un candidato con la trayectoria impecable de Meade y la certidumbre que da en los mercados internacionales, pero al que no le de miedo combatir a dirigentes sindicales y gobernadores corruptos.
Un candidato que tenga la convicción de combatir la corrupción como López Obrador, pero que entienda que los grandes capitales son generadores de empleo y no “Mafias del poder”.
Un candidato que busque combatir la desigualdad como Anaya pero que haga equipo y vea por el país antes de ver por sus ambiciones personales.
No hay tal candidato, no habrá un “Macron mexicano”, tendremos que escoger al menos peor y eso es una mala noticia para nosotros. Así que sea quién sea el candidato, lo mínimo que debemos exigir a quién pretenda ser Presidente de México es que inicie la batalla política contra la corrupción sin importar el costo, que regule monopolios y sindicatos, que haga de la educación su prioridad y que establezca las condiciones para potenciar el crecimiento económico privilegiando la creación de empresas y la innovación. En otras palabras, que aspire a ser el mejor presidente de nuestra historia.
No debemos conformarnos con menos.
Roberto Abraham Pérez G
twitter: @robertoabraham

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