Mayo – 2012

Hace unos días, el periodista León Krauze realizó un ejercicio a través de Twitter: Preguntó a los jóvenes que votarán por primera vez por qué razón pensaban votar por EPN, JVM o AMLO, la respuesta, según dijo, reflejaba pocos argumentos relacionados con propuestas específicas de los candidatos, en especial del candidato del PRI.

¿Es esto un reflejo de la realidad? ¿Realmente no hay ningún argumento contundente o medianamente sólido para respaldar a Peña Nieto? ¿Carece de las cualidades necesarias para ser Presidente de México?

Tuve la oportunidad de conocer a Enrique Peña en 2004, cuando era Diputado Local en Atlacomulco y tuve siempre la impresión de que era un político serio y capaz, he tenido la oportunidad también de conocer de cerca las instituciones donde estudió y su calidad indiscutible, pero juzgarlo por esos antecedentes sería tan pobre como juzgarlo por las opiniones que superficialmente se repiten en su contra.

La crítica a Peña Nieto suele caer en generalizaciones sobre los errores históricos cometidos por el PRI, desde Díaz Ordaz hasta Carlos Salinas o en anécdotas repetidas una y otra vez (como el episodio en la FIL de Guadalajara), indudablemente dichos errores ocurrieron. La pregunta, sin embargo, debería ser es si eso significa que Peña Nieto no puede ser un buen presidente,  o si eso significa que las propuestas de sus oponentes son mejores que las suyas.

¿Cómo medir a Peña Nieto?

Durante su campaña a Gobernador en 2005, Peña Nieto recogió un grupo de necesidades en cada municipio y propuso un proyecto para solucionarlas, (los ahora famosos Compromisos), por supuesto puede cuestionarse el alcance o trascendencia de cada uno de estos compromisos, pero es claro que fueron un elemento positivo de su administración. Lo digo por una sencilla razón: cualquiera puede medir sus resultados, ya sean los ciudadanos o los integrantes de otros partidos políticos.

Los compromisos de Peña Nieto como Gobernador, son lo que en la Industria se conoce como Indicadores Clave de Desempeño (KPIs por sus siglas en inglés), utilizados para cuantificar objetivos que miden el rendimiento de una organización y que deben estar alineados con la Estrategia que se quiere seguir, como bien dicen: Lo que no se mide no se puede mejorar.

Los indicadores deben  cumplir con las siguientes características: Ser Específicos (Specific), Medibles (Measurable), Estar Alineados con los objetivos estratégicos (Aligned), ser Realistas, es decir,  asegurarse que existan los recursos necesarios para conseguirlos (Realistic) y estar definidos oportunamente en un periodo definido de tiempo (Time Specific), este metodología, denominada SMART, se utiliza para asegurar que los objetivos se puedan cumplir y no sean vagas promesas.

Tomemos como ejemplo un compromiso: “Construcción del Libramiento Nororiente de Toluca” ¿Cumple con los requisitos antes mencionados?  Es Específico: habla de un proyecto en particular, fue realista su concepción en cuanto a recursos y tiempo (fue entregado el 31 de agosto de 2007), está alineado al Desarrollo del Estado y lo más importante: Se puede Medir el resultado.

No estoy diciendo que los 608 compromisos se entregaron en su totalidad ni estoy juzgando su alto o bajo impacto, eso debe juzgarlo cada mexiquense, lo que estoy diciendo es que se tienen los elementos para medir y evaluar la administración de Peña Nieto.

Así pues, de la misma manera que el Director General de una empresa evalúa a sus Gerentes al final del año, cada uno de nosotros debemos evaluar el desempeño de Peña Nieto como gobernador y decidir si merece un ascenso a Presidente de la República o no.

Lo anterior puede sonar como un análisis frío pero puede no estar de más ante una campaña donde cualquier reflexión, a favor o en contra de cualquier candidato no dura más de lo que dura un spot y dónde, como hace seis años, las discusiones se dan más con emociones que con argumentos, esto no es un concurso de popularidad.

Fuera de Lugar

Se puede estar de acuerdo con Peña Nieto o abiertamente en contra de sus propuestas, de su ideología y de su partido, la expresión de rechazo al PRI y su candidato es muestra de la pluralidad democrática bajo la que vivimos y que debemos cuidar, sin embargo las pancartas con expresiones abiertas de odio a un candidato, cómo ha llegado a haber las últimas semanas no abonan en nada y están completamente fuera de lugar en un país donde la violencia está fuera de control.

Roberto Abraham Pérez González

twitter @robertoabraham

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“El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”

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